Recuerdo pocas cosas en la vida que me hayan impactado tanto como el exterior del Museo del Louvre. La visión de la famosa pirámide (muy controvertida) y el conjunto tan vasto que la rodea es una de las estampas más repetidas en las postales de las tiendas de recuerdos de París, pero precisamente por eso pensé que una imagen tan familiar no se me fijaría tanto en la retina. Pero sí.
Más allá de la ingente cantidad de obras que posee, el museo es un espectáculo en sí mismo, el propio edificio es un museo: solo por eso, ya merece ser visitado. Pero vayamos por partes, porque el Louvre no merece solo un post, y de hecho este, más general, será el primero de una larga serie. En él trataré de pasar muy por encima por algunas de las cosas de las que hablaré en entradas sucesivas.
Un poquito de historia
Leo en Wikipedia que el edificio tiene sus orígenes en la Edad Media y ha ido añadiendo dependencias a lo largo del tiempo. El Palacio del Louvre fue residencia de la familia real hasta la construcción de Versalles, para después convertirse en sede de diversas Academias francesas. Enel sitio oficial del museo se puede acceder a una sección que repasa su historia.
Apuntes sobre las entradas
El Louvre no me parece un museo caro, sobre todo teniendo en cuenta sus fondos y lo que puede dar de sí una visita. En mi última visita, la entrada normal de adulto costaba nueve euros y seis la que da acceso a partir de las seis de la tarde, pero en las diversas tiendas online y en la Maison de la France, el precio era de unos diez euros. El ticket general (que también se puede comprar con anticipación) no incluye la entrada a las exposiciones temporales, aunque existen algunas propuestas combinadas que permiten un acceso total.
Si se piensa visitar bastantes monumentos creo que lo más rentable es una Paris Museum Pass, que por 30 euros dos días o 45 cuatro jornadas, por ejemplo, permite la entrada a varias decenas de monumentos y museos, Louvre y Orsay entre ellos.
Las personas que van con el Paris Museum Pass pueden acceder por el Passage Richelieu, el pasaje cubierto frente a la Pirámide, que además creo que es la entrada para grupos (en la página oficial del museo se dice que la Puerta de los Leones y la de la Galería de Carrusel también están disponibles). Por allí la espera es mínima, por no decir ninguna, al menos las dos veces que he ido y, aunque en mi primera vez me pidieron el Pass, en la segunda nadie me pidió nada hasta que no subimos las escaleras que dan entrada de verdad al Museo.
El horario habitual es de 9.00 a 18.00 horas, pero creo que merece la pena ir uno de los días en que el museo abre hasta las 22.00 (miércoles y viernes), ya que la percepción de las obras (al menos para mí), cambia, y se organizan actividades, como conciertos y radio en directo, por ejemplo. Además, como todos los monumentos suelen cerrar pronto, eso permite programar el día de otra manera y aprovechar más la tarde. El museo cierra los martes, aunque cada día existen salas no abiertas al público, que están especificadas en el mapa y en el mostrador de información.
Ambiente en el museo
Si os gustan los museos silenciosos, en los que la gente habla en susurros y camina con tranquilidad, no esperéis eso en el Louvre. En cierto modo es una especie de "parque de atracciones del arte", donde se pueden ver desde institutos enteros provenientes de cualquier parte del mundo hasta estudiosos con monóculo y personas corriendo de allá para acá. En cierto modo, sobre todo junto a la Mona Lisa, puede resultar agobiante.
El Louvre también es un museo de contrastes. Frente a la aglomeración de las estancias en las que están expuestas la Venus de Milo y La Gioconda, por ejemplo, existen zonas en las que practicamente no hay ni un alma. En general, las salas de la última planta son tranquilas y en ellas se pueden ver más copistas y estudiantes de Bellas Artes practicando con las obras que en el resto del Museo.
Cosas que ver
El Louvre abarca piezas que datan hasta principios del siglo XIX, más o menos. Su colección, tanto en pintura como en escultura y artes decorativas, es tremenda (unas 35.000 según su sitio oficial) y reparte los fondos expuestos en alas (Sully, Napoleón y Denon). Junto a lo obvio (Código de Hammurabi, Victoria de Samotracia, Venus de Milo y Mona Lisa), yo no me perdería la Galería Apolo de las joyas de la corona, los apartamentos de Napoleón III, La Virgen de las Rocas de Leonardo, Las Bodas de Caná de Veronés, La Libertad guiando al Pueblo de Delacroix, algunas de las salas relacionadas con Babilonia, y la Cour Marly (un espectacular patio cubierto dedicado a escultura). Pero, sobre todo, disfrutad del Palacio, de sus techos y sus escaleras. Una maravilla. Para hacerse una idea, una visita rápida viendo un puñado de sus obras más importantes puede llevar unas dos horas y media.
Cómo guiarse
Una cosa tiene buenísima el Louvre: su plano gratuito, con la numeración de las salas, su contenido general y las obras más relevantes marcadas y señaladas con una fotografía (le dedicaremos un post). El plano está dividido por alas y muestra dónde hay escaleras y aseos. Si deseáis mayor profundidad y más explicaciones, en el hall Napoleón (bajo la Pirámide, la entrada del museo) está la librería del Louvre. En ella tienen un gran surtido de libros sobre el Museo para todos los presupuestos, más centrados en hacer la visita o más pensados como catálogo de piezas o libro regalo. Las audioguías no las he probado, aunque de ellas y de las visitas guiadas hablaremos en otra ocasión.


Me encanta este rincon que has contruido!
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