Cómo puede cambiar la vida en un segundo. Para mí eso ha sido el 2009. Una llamada de teléfono, una imagen, una decisión. Momentos que deciden los caminos que tomaremos a partir de entonces. Muchos o, al menos, suficientes.
En esta entrada no quiero pensar en los malos momentos, sino en los buenos. Quiero pensar en el viento a bordo del barco recorriendo el lago Como, en el azul infinito de la playa de Fuerteventura, en la entrada en la pista A sabiendo que voy a tener a Madonna a pocos metros, en las tapas salmantinas, en la historia de Espinete y Eduardo Aldán, en las primeras notas del piano, en Halo a capella, en el relax de pasar páginas en el metro, en los buenos ratos con mis niños, en las risas con mi tatina... Puf, han pasado muchas cosas este año. Voy a intentar quedarme con unas cuantas.
Un libro: El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver. Lo que es y lo que puede ser (y no ser) una relación. Quizá una forma de que entendamos que una decisión condiciona la forma en que percibimos el mundo (y a las personas).
Una imagen: desde mis ojos, la playa de Jandía a media tarde, desierta. A través de los ojos de otros, la toma de posesión de Obama.
Un disco: porque lo he descubierto este año, muy tarde, pero lo he descubierto, The boy who knew too much, de MIKA. No puedo dejar aquí de mencionar a mi favorita, The Element of freedom, de Alicia Keys.
Un momento: Madonna apareciendo en su sillón en el Vicente Calderón al ritmo de Candy Shop. Tras años de espera, por fin la vi!!!
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